Mostrando entradas con la etiqueta Ideogramas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ideogramas. Mostrar todas las entradas

1.31.2012



Planes de futuro
    Ser soso es un crimen. Quizá prefiero torear lo que me venga. 
    Quizá sólo haya que quitarse de la boca de una puta vez ese sentimiento rancio de fracaso que invade todo a nuestro alrededor.
    Dejar de chapotear en la mierda de otros con la excusa de que aquello antes eran aguas claras y tirar de una vez de la cadena.
    Me aburre soberanamente el regodeo en lo frustrado, los intentos "de" me dan asco, por no hablar de los ataráxicos y me matan los tonos pastel sino son estampados en tu boca.
    Si hay que ponerse a ello, bañémonos en la mierda, pero por lo menos que sea la nuestra.
    Valió de hererdar fracasos.
    Valió de desencuentros, de absurdos, emergencias de lo frustrado, de incomodidades varias.
    Estoy cansada del regodeo de la descontextualización desorientada.
    Es que a mí ya no me importa una mierda dónde estoy porque tus mapas no me valen.
   Ya no hay planes de futuro.
Ni planos que nos valgan.

10.26.2011

Obstinación


Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación. Todas las demás, sobre las que leemos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan tanto. En el fondo podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hirtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a leyes dictadas por los hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, auna sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al "propio sentido".
[...]
Existen sobre la tierra solamente dos pobres seres malditos, a los que no está permitido seguir esa llamada eterna, y ser, crecer, vivir y morir como les ordena su propio sentido innato.
Sólo el hombre y el animal domesticado por él están condenados a no seguir la voz de la vida y del crecimiento y a someterse a unas leyes aestablecidas por el hombre y, de vez en cuando infligidas y modificadas también por él. Y lo más curioso es que aquellos pocos que han desdeñado esas leyes arbitrarias para seguir las suyas propias, las naturales, han sido siempre condenados y lapidados, aunque luego fuesen venerados, precisamente ellos, como héroes y libertadores. La misma Humanidad que ensalza y exige de los vivos, como suprema virtud, la obediencia a sus leyes arbitrarias, esa misma Humanidad acoge en su eterno panteón a los que desafiaron aquellas órdenes y prefirieron perder la vida a ser ifieles a su "propio sentido".
[...]el instinto gregario del hombre exige de cada cual ante todo adaptación y subordinación, pero sus más altos honores no se los reserva en absoluto a los sufridos, pusilánimes y dóciles, sino precisamente a los obstinados, a los héroes.
[...]
El "héroe" no es el ciudadano obediente, apacible y cumplidor. Heroico sólo puede ser el individuo que ha erigido su "propio sentido", su noble y natural obstinación, en su destino. "Destino y espíritu son nombres de un mismo concepto", dijo Novalis, uno de los poetas alemanes más profundos y desconocidos. Pero el héroe es el único que tiene valor para asumir su destino.
[...]Somos personas. Y para las personas existe únicamente UN punto de vista natural, UNA sola medida natural, la del obstinado. Para éste no existen ni el destino del Capitalismo, ni el destino del Socialismo, ni Inglaterra ni América; para él no existe nada más que la ley silenciosa y tenaz que late en su pecho, que resulta tan penosa al hombre cómodo y tradicional, pero que significa destino y verdad para el obstinado.

H.Hesse

5.03.2011


 Ocultando reminiscencias de una feminidad aprendida durante años
que subyace bajo formas yermas de sentir,
vacias,
hastiadas...

[...]Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen.
 No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar. Siempre me he sentido fea, pero tanto mejor porque esto me ha servido para librarme de una vida de mierda junto a tíos amables que nunca me habrían llevado más allá de la puerta de mi casa. Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable. Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, ésas a las que los hombres no les hacen regalos, ésas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa, las que querrían ser hombres, las que se creen hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les dan igual los hombres pero a las que sus amigas interesan, las que tienen el culo gordo, las que tienen vello duro y negro que no se depilan, las mujeres brutales, ruidosas, las que lo rompen todo cuando pasan, a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demasiado rojos, las que están demasiado mal hechas como para poder vestirse como perritas calentonas pero que se mueren de ganas, las que quieren vestirse como hombres y llevar barba por la calle, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas porque están acomplejadas, las que no saben decir que no, a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, las que están desgastadas, las que no tienen a nadie que las proteja excepto ellas mismas, las que no saben proteger, esas a las que sus hijos les dan igual, esas a las que les gusta beber en los bares hasta caerse al suelo, las que no saben guardar las apariencias[...]

Extracto de: Teoría King Kong, Virginie Despentes